Diario de la Marina, 1947

Durante los primeros cincuenta años del siglo XX, el 20 de mayo se consideró el símbolo de la República de Cuba. Las revistas ilustradas de la época editaban especiales en conmemoración de la fecha y utilizaban la alegoría republicana como el icono por excelencia del festejo de la data. De esta manera, abundan en las páginas de los semanarios las alegorías de la República de Cuba con motivo del 20 de mayo.

Portada de Bohemia, 1935

Múltiples fueron los perfiles, los atributos y los referentes tomados, ya que, conforme avanzaba el tiempo, variaban las características de la figura alegórica cubana.  Su actitud se modificó, asimismo, según evolucionó el sentido del 20 de mayo. Si en los primeros años la fecha personificaba la gloria y la esperanza del sueño republicano, luego de las primeras décadas se trocó en triste recordación del fracaso de dicho proyecto, de los fraudes y las intrigas del gobierno.

El Fígaro, 1899

De la figura magnánima se pasó a la efigie acechada por las politiquerías; la República clásica y victoriosa de los años inaugurales se transformó en una República voluptuosa y morena, aquejada por los conflictos políticos. No obstante, a pesar del paso de los años y los vaivenes de la realidad política, persistió el vínculo entre el 20 de mayo y la alegoría republicana.

Carteles, 1950

Con el triunfo de la Revolución Cubana en 1959 la fecha cayó paulatinamente en el oprobio, pues era entendida como el símbolo de la corrupción, la soberanía limitada y las desigualdades contra las cuales se alzaron en primera instancia los rebeldes cubanos. Con la Revolución de los barbudos de la Sierra Maestra, que luego se convertiría en una revolución socialista, nuevos mitos fundacionales se crean para representar el nuevo momento histórico.

Bohemia, Ediciones de la Libertad, 1959

La República que se intenta construir en 1959 desea superar los traumas del pasado y desvincularse de este. Tal como los símbolos coloniales españoles habían sufrido la ignominia en la transición hacia el período republicano, los iconos de la etapa republicana se fueron desechando en un proceso que se radicalizó con la declaración del carácter socialista de la Revolución.

De tal forma, el estudio del 20 de mayo exige la restricción cronológica que impone su deceso, una vez iniciada la segunda mitad del siglo XX y los procesos revolucionarios socialistas en la Isla. El 20 de mayo nació y murió con el sistema que le dio origen y, por ende, la alegoría de la República de Cuba desapareció también con el cambio de sistema.

Cuba se presenta en sociedad

En mayo de 1919 sale un número de Social cuya portada está muy ligada a los sucesos internacionales.

Personificada con sus propios símbolos, el gorro frigio y la bandera en el vestido, la República de Cuba se presenta como una jovenzuela, ingenua y vulnerable, según expresa la portada: 

Nuestra Joven República ha llegado a los Diez y siete años. ¡Bella, pero peligrosa edad!
S1919

La revista Social  –dirigida por Conrado Massaguer, quien es además el ilustrador de todos los números– le concede a sus portadas un carácter diáfano y anecdótico y hasta con ciertos toques de humor.
La mujer se mantiene como la imagen paradigmática de la República, aunque ya no como una metáfora de influencias clásicas, sino como la doncella apegada a la causa libertadora: la abanderada retorna como símbolo de la patria y del sueño republicano, relevando a la efigie heroica grecorromana.

S1917El número correspondiente al mes de mayo de 1917 muestra todas estas características, que la distancian de las publicaciones predecesoras.

En 1921 se repite nuevamente este motivo: una señorita de clase alta que borda la insignia nacional; al fondo, mambises combatiendo en los campos cubanos. Esta portada ofrece un tono apacible, concentrado en mostrar la abnegación de la lucha, a diferencia de la de 1917, que se enfoca en revelar la valentía ante el peligro que entrañaba la labor clandestina en apoyo a la lucha. S1921

Asimismo, en 1924 vuelve la campesina mambisa, como abanderada también que sustituye la imagen icónica de la alegoría. Sobre un fondo de explosivos y fuegos artificiales, la joven ondea victoriosa la bandera cubana, en actitud festiva. Nuevamente, la figura canónica ha sido reemplazada por la mambisa independentista.

S1924Estas portadas comprueban el peso del mito de la abanderada en la concepción de la alegoría republicana.  La estructuración femenina de la Patria, concebida en el siglo XIX, retorna; la abanderada regresa con el mismo ímpetu simbólico que le dio origen.
La manigüera persiste como metáfora de la patria, y concretamente, de la República. A su vez, su figura actúa como puente simbólico entre dos tiempos históricos: las guerras anticolonialistas y la etapa republicana.

 

En 1950, por el natalicio de José Martí, Carteles publica esta portada que revela el sentir y el malestar político de aquel momento.
Frente a una multitud que levanta pancartas y proclamas de los futuros alcaldes y demás dirigentes del pueblo, la República, sentada, mira con pena el supuesto regocijo popular. En sus manos sostiene un libro con el nombre de José Martí, símbolo de los principios e ideales republicanos que Martí aspiraba construir para los cubanos.
C1950 enero
La República, con todos y para el bien de todos, aún espera su concreción, y la fecha que se supone una fiesta (el nacimiento de José Martí) se convierte en una triste recordación del fracaso de un proyecto.



Para más información, haga click en el artículo: La imagen del 20 de mayo en Cuba republicana. (Publication du GRECUN de l’Université Paris-Nanterre, 2018)

En 1920 Conrado Massaguer, director e ilustrador de la revista Social, compone una alegoría insólita, en tanto, a primera vista, no resulta una metáfora republicana, pues la figura no presenta, más allá de su condición femenina, ningún atributo que permita identificar a la doncella como una alegoría nacionalista.

S1920

Sin embargo, se sugiere en las páginas interiores de la revista, específicamente en el apartado El Espíritu de la Portada[1], que la joven bien puede representar a la República:

(…) La gentil chiquilla que llena la portada, tijera en ristre, nos parece un símbolo… ¿No podía esa jovencita de diez y ocho años ser nuestra   República?

¡Hace tanta falta podar en el jardín cubano! (…)

 

[1] Massaguer, en 1920, inaugura una nueva sección en su revista denominada El Espíritu de la Portada, ubicada luego de la primera serie de anuncios publicitarios. En ella, en breves palabras, hacía una declaración del propósito conceptual de la imagen de la portada.

 

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La portada de 1938 de la revista Carteles constituye la más barroca y pródiga en material simbólico. Galindo, el ilustrador, nos entrega una alegoría nacional en extremo poetizada y lírica.  

La República con túnica romana, entronizada, sujeta con su mano derecha un libro con el título de Historia y con la otra una espiga de trigo. La estrella solitaria cierra el vestido en su pecho y se repite el motivo en el gorro frigio que ostenta sobre su cabeza.

El escudo adornado con guirnaldas de flores se encuentra al frente, próximo al borde derecho. Una multitud, liderados por un abanderado con el estandarte nacional, avanza hacia ella con ofrendas. Tal escena se desarrolla en un paraje tropical, de palmas y playas.

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El Fígaro, en el número de mayo del año 1909, evoca la fundación de la República  con una portada que dramatiza el momento del triunfo, donde el empleo de los códigos clásicos reafirma a la República como hija de la modernidad y heredera de la tradición occidental[1].

Una silueta alada, que encumbra la bandera cubana con un gesto heroico, nos remite a la Niké griega[2]y, a un mismo tiempo, a la alegoría del día, que se levanta sobre las tinieblas y la oscuridad. Se reproduce, así, el surgimiento, el renacer social y político del Estado cubano, que ha dejado atrás la noche del pasado colonial [3].

Pero, quizá, el sentido primordial del antagonismo día-noche se encuentre en los versos de Manuel Serafín Pichardo –fundador de la revista, ubicados en el centro: un poema que subraya la antítesis entre dos aniversarios consecutivos, el 19 y el 20 de mayo.

La noche como la víspera amarga de la muerte del Apóstol que antecede al memorable día del establecimiento de la República.

El Fígaro en mayo de 1909
El Fígaro en mayo de 1909

19 y 20 de mayo
A Justo García Vélez
La Historia, que contrastes avecina
juntar dos fechas inmortales quiere:
aquella en que el sublime Apóstol muere
y aquella en que fulgura su Doctrina
¡Cuánto amargor al recoger el fruto!
¡Cuánta espina al tocar las patrias flores!
Enlazada la gloria a los dolores,
tiene el gran día vísperas de luto.
¡Oh Cuba! Tal parece que tu sino
es llevar con el lauro el sufrimiento
y unir a cada bien algún lamento;
que hace falta a tu espléndido destino,
como a la sangre ardiente y contenida,
para correr en libertad, la herida!
Manuel S. Pichardo. 1909

[1] En 1900, en el número 45 (2 de diciembre), había aparecido ya una portada similar, del mismo ilustrador, Quiñones, pero que en el redondel del centro mostraba una imagen del presidente de la Convención Constituyente de la Isla de Cuba, Domingo Méndez Capote. La metáfora se concentra, en este caso precedente, en el cambio radical que significaba la elaboración, redacción y legalización de la Constitución cubana. Este es el primer ejemplo de alegorías de la Constitución que presenta El Fígaro, quien homologa en sus portadas la redacción jurídica del documento con la instauración misma de la República. Para ello emplea los mismos recursos iconográficos de las alegorías republicanas posteriores.  
[2] Niké era la diosa griega de la Victoria y simbolizaba el éxito en todos sus sentidos. Se caracterizaba por ser una mujer con alas, sedente o en vuelo, coronada con ramos de laurel y, ocasionalmente, con una palma, una guirnalda, escudos o trofeos según la ocasión.
[3] Hay que tener en cuenta que también en este año finaliza la Segunda Intervención Norteamericana en la Isla y se reinicia la sucesión presidencial con José Miguel Gómez.

En agosto de 1933, en la portada de Carteles, la República pierde su jovialidad. Tras el derrocamiento del gobierno del dictador Gerardo Machado (1925-1933), la nación se representa en harapos, arruinada, pero con el puño levantado.

La fuerza del impacto visual radica en la simplicidad de sus elementos. El fondo de la bandera, el desgarramiento de las vestiduras de la República que renace, que cierra con fuerza su puño y lo alza, aluden a la resurrección y a la oportunidad de reconstruir lo perdido, una vez vencido el tirano.

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En 1936 un nuevo gobierno se inicia y, luego de los azarosos y fallidos gobiernos provisionales, se ofrece como una oportunidad de restituir el honor y la integridad perdidos. Bohemia necesita un retrato imponente, grave y digno.
Enrique García Cabrera, uno de nuestros más ilustres artistas, que para estos años constituía el ilustrador habitual de la revista, por la vía del Art Decó halló la respuesta. La estilización geométrica y lo filoso de los volúmenes, así como la monumentalidad de la mujer sedente reafirman el tono respetable y decoroso que se exige del reciente gobierno en el texto a pie de página.

En enero de 1889 aparece en la sección de Crónicas de El Fígaro la Srta. María Verdejo, fotografiada por Pedro J. Pérez, vestida de República. A finales del siglo XIX se hizo común la práctica de retratarse engalanadas como alegorías de la República, como moda, pero también como marca de identidad patriótica, liberalismo y modernismo, en una sociedad sumida en el proceso de reafirmación de su cultura e identidad nacional.

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