En 1901 se redacta la Primera Constitución de Cuba, que un año después inaugura la República y define la convivencia de sus ciudadanos.

La primera de nuestras constituciones garantizaba la existencia de la República, de su soberanía y autodeterminación. Por ello, en las primeras representaciones alegóricas, las nociones de República y Constitución aparecen totalmente ligadas.

El Fígaro en febrero de 1902
El Fígaro en febrero de 1902

 

El sustento jurídico que comportó el documento constitucional de 1901 supuso, en aquellos tiempos, la puesta en práctica de los ideales independentistas del siglo XIX. La conformación de una Asamblea Constituyente con la consecuente aprobación de una Carta Magna constituyó un hecho de júbilo para sus protagonistas y testigos.

La Enmienda Platt entorpeció los logros de aquella Asamblea, pero el camino hacia el constitucionalismo cubano se consolidaba ferréamente.

Las imágenes de estos primeros años son triunfalistas e ídilicas. Las portadas alegóricas estaban encaminadas a reafirmar la convicción de que eramos un país moderno, merecedor de la libertad  en los primeros años del siglo XX.

 

 

 

 

En 1906 la revista Cuba y América edita un Número Extraordinario para celebrar el quinto aniversario  de la Constitución de 1901.

Este dibujo exhibe un catálogo iconográfico extenso de la alegoría nacional.

Numerosas son las referencias a la tradición iconográfica clásica y a la simbología nacionalista cubana proveniente del escudo.

 

La República viste túnica talar, sobre su cabeza un gorro frigio y corona de laurel, en una mano la bandera cubana y unas cadenas rotas, en la otra la Constitución[1], y a sus pies unas rosas y el escudo. En la lejanía, el sol naciente[2] y una palmar real[3] al frente –signos tomados del escudo.

 

Cuba y América el 20 de mayo de 1906
Cuba y América el 20 de mayo de 1906

 

Todas estas divisas insisten en el concepto de una patria emancipada y victoriosa, que se ha liberado del yugo colonial y que ha arribado a una etapa de libertad e independencia política.

Una fortificación habanera funciona como contexto espacial mientras que el escudo de la capital se ubica en la parte superior; ambos elementos anclan el escenario geográfico de la alegoría. Por último, un joven, en el plano izquierdo inferior, extiende sus brazos en alabanza hacia la estoica efigie, metáfora del pueblo que aclama el triunfo republicano.

En estos primeros años abundan las referencias y conmemoraciones de la celebración de la Constitución de 1901. El cambio, aunque deseado, fue abrupto. En un breve lapso de tiempo Cuba había pasado de colonia a república constitucional y la sociedad entera parecía volcada a demostrar que, no solo merecía esa condición, sino que también estaba preparada para ella.

La tradición clásica se asume como insigna de garantía y Cuba aspira a ser homologada con el resto de naciones europeas y latinoamericanas. A su vez, los símbolos independentistas, devenidos patrios, se convierten en el sello de nacionalismo que ancla las imágenes en el territorio cubano. De esta manera, se aspira a la combinación perfecta entre universalismo, siempre occidental y de origen europeo, con el patriotismo cubano.

 


[1] La Constitución en estos primeros años republicanos se emplea como símbolo recurrente del Estado. El sustento jurídico que comportó el documento constitucional de 1901 supuso, en aquellos tiempos primigenios, la consumación de los ideales independentistas del siglo XIX.
[2] El sol naciente, ubicado en el cuartel superior del escudo, al fondo del paisaje con la llave del golfo, significa la joven república naciente.
Pereda Rodríguez, Justo Luis et al: Cuba y sus símbolos. Ediciones Abril, La Habana, 1992 p. 12.
[3] La palma real, en el espacio inferior de la izquierda del escudo, representa la libertad e independencia de la joven república; es símbolo de la lozanía y feracidad de su privilegiado suelo, al mismo tiempo que es el más útil de sus árboles.
Ibídem.