Cuba se presenta en sociedad

En mayo de 1919 sale un número de Social cuya portada está muy ligada a los sucesos internacionales.

Personificada con sus propios símbolos, el gorro frigio y la bandera en el vestido, la República de Cuba se presenta como una jovenzuela, ingenua y vulnerable, según expresa la portada: 

Nuestra Joven República ha llegado a los Diez y siete años. ¡Bella, pero peligrosa edad!
S1919

La revista Social  –dirigida por Conrado Massaguer, quien es además el ilustrador de todos los números– le concede a sus portadas un carácter diáfano y anecdótico y hasta con ciertos toques de humor.
La mujer se mantiene como la imagen paradigmática de la República, aunque ya no como una metáfora de influencias clásicas, sino como la doncella apegada a la causa libertadora: la abanderada retorna como símbolo de la patria y del sueño republicano, relevando a la efigie heroica grecorromana.

S1917El número correspondiente al mes de mayo de 1917 muestra todas estas características, que la distancian de las publicaciones predecesoras.

En 1921 se repite nuevamente este motivo: una señorita de clase alta que borda la insignia nacional; al fondo, mambises combatiendo en los campos cubanos. Esta portada ofrece un tono apacible, concentrado en mostrar la abnegación de la lucha, a diferencia de la de 1917, que se enfoca en revelar la valentía ante el peligro que entrañaba la labor clandestina en apoyo a la lucha. S1921

Asimismo, en 1924 vuelve la campesina mambisa, como abanderada también que sustituye la imagen icónica de la alegoría. Sobre un fondo de explosivos y fuegos artificiales, la joven ondea victoriosa la bandera cubana, en actitud festiva. Nuevamente, la figura canónica ha sido reemplazada por la mambisa independentista.

S1924Estas portadas comprueban el peso del mito de la abanderada en la concepción de la alegoría republicana.  La estructuración femenina de la Patria, concebida en el siglo XIX, retorna; la abanderada regresa con el mismo ímpetu simbólico que le dio origen.
La manigüera persiste como metáfora de la patria, y concretamente, de la República. A su vez, su figura actúa como puente simbólico entre dos tiempos históricos: las guerras anticolonialistas y la etapa republicana.

 

En 1950, por el natalicio de José Martí, Carteles publica esta portada que revela el sentir y el malestar político de aquel momento.
Frente a una multitud que levanta pancartas y proclamas de los futuros alcaldes y demás dirigentes del pueblo, la República, sentada, mira con pena el supuesto regocijo popular. En sus manos sostiene un libro con el nombre de José Martí, símbolo de los principios e ideales republicanos que Martí aspiraba construir para los cubanos.
C1950 enero
La República, con todos y para el bien de todos, aún espera su concreción, y la fecha que se supone una fiesta (el nacimiento de José Martí) se convierte en una triste recordación del fracaso de un proyecto.



Para más información, haga click en el artículo: La imagen del 20 de mayo en Cuba republicana. (Publication du GRECUN de l’Université Paris-Nanterre, 2018)

En 1920 Conrado Massaguer, director e ilustrador de la revista Social, compone una alegoría insólita, en tanto, a primera vista, no resulta una metáfora republicana, pues la figura no presenta, más allá de su condición femenina, ningún atributo que permita identificar a la doncella como una alegoría nacionalista.

S1920

Sin embargo, se sugiere en las páginas interiores de la revista, específicamente en el apartado El Espíritu de la Portada[1], que la joven bien puede representar a la República:

(…) La gentil chiquilla que llena la portada, tijera en ristre, nos parece un símbolo… ¿No podía esa jovencita de diez y ocho años ser nuestra   República?

¡Hace tanta falta podar en el jardín cubano! (…)

 

[1] Massaguer, en 1920, inaugura una nueva sección en su revista denominada El Espíritu de la Portada, ubicada luego de la primera serie de anuncios publicitarios. En ella, en breves palabras, hacía una declaración del propósito conceptual de la imagen de la portada.

 

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La portada de 1938 de la revista Carteles constituye la más barroca y pródiga en material simbólico. Galindo, el ilustrador, nos entrega una alegoría nacional en extremo poetizada y lírica.  

La República con túnica romana, entronizada, sujeta con su mano derecha un libro con el título de Historia y con la otra una espiga de trigo. La estrella solitaria cierra el vestido en su pecho y se repite el motivo en el gorro frigio que ostenta sobre su cabeza.

El escudo adornado con guirnaldas de flores se encuentra al frente, próximo al borde derecho. Una multitud, liderados por un abanderado con el estandarte nacional, avanza hacia ella con ofrendas. Tal escena se desarrolla en un paraje tropical, de palmas y playas.

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El Fígaro, en el número de mayo del año 1909, evoca la fundación de la República  con una portada que dramatiza el momento del triunfo, donde el empleo de los códigos clásicos reafirma a la República como hija de la modernidad y heredera de la tradición occidental[1].

Una silueta alada, que encumbra la bandera cubana con un gesto heroico, nos remite a la Niké griega[2]y, a un mismo tiempo, a la alegoría del día, que se levanta sobre las tinieblas y la oscuridad. Se reproduce, así, el surgimiento, el renacer social y político del Estado cubano, que ha dejado atrás la noche del pasado colonial [3].

Pero, quizá, el sentido primordial del antagonismo día-noche se encuentre en los versos de Manuel Serafín Pichardo –fundador de la revista, ubicados en el centro: un poema que subraya la antítesis entre dos aniversarios consecutivos, el 19 y el 20 de mayo.

La noche como la víspera amarga de la muerte del Apóstol que antecede al memorable día del establecimiento de la República.

El Fígaro en mayo de 1909
El Fígaro en mayo de 1909

19 y 20 de mayo
A Justo García Vélez
La Historia, que contrastes avecina
juntar dos fechas inmortales quiere:
aquella en que el sublime Apóstol muere
y aquella en que fulgura su Doctrina
¡Cuánto amargor al recoger el fruto!
¡Cuánta espina al tocar las patrias flores!
Enlazada la gloria a los dolores,
tiene el gran día vísperas de luto.
¡Oh Cuba! Tal parece que tu sino
es llevar con el lauro el sufrimiento
y unir a cada bien algún lamento;
que hace falta a tu espléndido destino,
como a la sangre ardiente y contenida,
para correr en libertad, la herida!
Manuel S. Pichardo. 1909

[1] En 1900, en el número 45 (2 de diciembre), había aparecido ya una portada similar, del mismo ilustrador, Quiñones, pero que en el redondel del centro mostraba una imagen del presidente de la Convención Constituyente de la Isla de Cuba, Domingo Méndez Capote. La metáfora se concentra, en este caso precedente, en el cambio radical que significaba la elaboración, redacción y legalización de la Constitución cubana. Este es el primer ejemplo de alegorías de la Constitución que presenta El Fígaro, quien homologa en sus portadas la redacción jurídica del documento con la instauración misma de la República. Para ello emplea los mismos recursos iconográficos de las alegorías republicanas posteriores.  
[2] Niké era la diosa griega de la Victoria y simbolizaba el éxito en todos sus sentidos. Se caracterizaba por ser una mujer con alas, sedente o en vuelo, coronada con ramos de laurel y, ocasionalmente, con una palma, una guirnalda, escudos o trofeos según la ocasión.
[3] Hay que tener en cuenta que también en este año finaliza la Segunda Intervención Norteamericana en la Isla y se reinicia la sucesión presidencial con José Miguel Gómez.

En agosto de 1933, en la portada de Carteles, la República pierde su jovialidad. Tras el derrocamiento del gobierno del dictador Gerardo Machado (1925-1933), la nación se representa en harapos, arruinada, pero con el puño levantado.

La fuerza del impacto visual radica en la simplicidad de sus elementos. El fondo de la bandera, el desgarramiento de las vestiduras de la República que renace, que cierra con fuerza su puño y lo alza, aluden a la resurrección y a la oportunidad de reconstruir lo perdido, una vez vencido el tirano.

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Definición del célebre tratado de Iconología de Cesare Ripa de la Alegoría de América:

“Mujer desnuda y de color oscuro, mezclado de amarillo. Será fiera de rostro, y ha de llevar un velo jaspeado de diversos colores que le cae de los hombros cruzándole todo el cuerpo, hasta cubrirle enteramente las vergüenzas. Sus cabellos han de aparecer revueltos y esparcidos, poniéndosele alrededor de todo su cuerpo un bello y artificioso ornamento, todo él hecho de plumas de muy diversos colores. Con la izquierda ha de sostener un arco, y una flecha con la diestra, poniéndosele al costado una bolsa o carcaj bien provista de flechas, así como bajo sus pies una cabeza humana traspasada por alguna de las saetas que digo. En tierra y al otro lado se pintará algún lagarto o un caimán de desmesurado tamaño…

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La nación y el ciudadano

Contrariamente a Francia, en donde la nación moderna es la heredera del reino y coincide casi por completo con él, la definición de la nación va a provocar el enfrentamiento entre españoles y americanos, la desintegración de la monarquía y una enorme dificultad para definir territorialmente la nación en la América independiente. Aquí tenemos un nuevo problema para la creación del ciudadano moderno, puesto que si éste es el componente elemental de la nación soberana ¿cómo definirlo con claridad cuando ésta es incierta y problemática?

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